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CONCIENCIA FONOLÓGICA

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La Dislexia es un trastorno del aprendizaje que afecta a la capacidad para aprender a leer, independientemente de la inteligencia o el nivel de escolarización. Esta dificultad para aprender a leer es consecuencia de una dificultad para procesar los sonidos que forman nuestro lenguaje (procesamiento fonológico). Para procesar los sonidos del lenguaje, es necesario adquirir e integrar tres habilidades principales: ser capaces de almacenar estos sonidos en nuestra memoria (memoria fonológica), poder acceder a esta memoria de sonidos cuando sea necesario (acceso fonológico) y ser capaces de detectar y se conscientes de esos sonidos dentro de las palabras que forman nuestro lenguaje, llamada conciencia fonológica (Anthony & Francis, 2005). 

Cuando un niño tiene buena conciencia fonológica, es capaz de diferenciar los sonidos de una palabra separando estos sonidos del significado propio de dicha palabra. Dicho de otro modo, es capaz de concebir una palabra como la unión de unos determinados sonidos, independientemente de que estos sonidos se combinen para formar una palabra con un significado concreto. Esta capacidad le permite leer palabras cuyo significado no sabe y, en consecuencia, leer mejor. La conciencia fonológica implica la capacidad de separar las palabras en sílabas, reconocer los componentes de la sílaba (combinaciones consonante-vocal), y conocer los sonidos individuales del lenguaje, que son los fonemas. También interviene la conciencia fonológica cuando manipulamos los sonidos de las palabras, por ejemplo, sustituyendo un sonido por otro para formar una palabra nueva (lanza-panza), combinando sonidos para formar palabras, o quitando o añadiendo sonidos a las palabras (Yopp & Yopp, 2009).

Un buen desarrollo de la conciencia fonológica en niños y niñas pre-lectores es esencial, puesto que predice el éxito posterior en el aprendizaje de la lectura (Ziegler & Goswami, 2005).

 

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Bilbiografía

Anthony, J. L., & Francis, D. J. (2005). Development of Phonological Awareness. Current Directions in Psychological Science, 14(5), 255-259. doi:10.1111/j.0963-7214.2005.00376.x

Yopp, H. K., & Yopp, H. (2009). Phonological Awareness Is Child’s Play! Young Children, 64(1), 12.

Ziegler, J. C., & Goswami, U. (2005). Reading Acquisition, Developmental Dyslexia, and Skilled Reading Across Languages: A Psycholinguistic Grain Size Theory. Psychological Bulletin, 131(1), 3-29. doi:10.1037/0033-2909.131.1.3

Trastorno Específico del Lenguaje (TEL) y Dislexia

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Trastorno Específico del Lenguaje (TEL) y Dislexia

Hoy en día la comprensión lectora es la clave para tener éxito en la escuela. Los niños tienen dificultades en las primeras etapas del aprendizaje de la lectura y el principal problema suele ser las habilidades fonológicas.u

Las intervenciones que se focalizan en el entrenamiento de las habilidades fonológicas deben ser integradas con la enseñanza de la lectura (Hatcher, Hulme y Ellis, 1994) y entender que existe una diferencia entre la dislexia y el retraso en la
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duración de la comprensión lectora. Algunos estudios señalan que en los países donde los niños se someten a la revolución digital, la comprensión lectora es peor que en otros países, donde la utilización de las nuevas tecnologías no está tan extendida.

¿Cuáles son las características principales de un niño con TEL?

Los preescolares con trastorno específico del lenguaje (TEL) realizan peor las pruebas de lectura, ortografía y comprensión lectora (Snowling, Bishop y Stothard, 2000), y en particular, los niños con coeficiente intelectual inferior a 100, tienen resultados de alfabetización particularmente pobres.

Podemos conceptualizar un subgrupo en el TEL, los niños con deterioro específico del lenguaje. Este grupo muestra una caída sustancial en la precisión de la lectura entre las edades de 8 y 15 años. Otro subgrupo, más del 35%, tiene habilidades de lectura normalizadas.

En opinión de Bishop, las dificultades fonológicas conllevan un retraso en la alfabetización, puesto que se adquiere un vocabulario pobre, así como dificultades sintácticas y en la organización de las palabras. Otro de los problemas que encontramos en muchos niños con TEL es un déficit en la memoria de trabajo verbal. Un funcionamiento de la memoria de trabajo deficiente puede ser la causa de las dificultades en el aprendizaje léxico-morfológico y en la comprensión de oraciones (Montgomery, 2003)

¿Cuáles son las características principales de un niño con dislexia?

Los niños con dislexia tienen un problema central en el bucle fonológico: tienen problemas en la representación fonológica de las palabras y su decodificación y también en la velocidad de procesamiento cognitivo. No obstante, a veces tienen una comprensión lectora normal, como es el caso de los disléxicos con alto coeficiente intelectual. Debido a la dificultad que tienen para leer pseudopalabras (palabras inventadas), esta prueba suele ser el estándar para la detección de los disléxicos.

¿Qué es importante tener en cuenta cuando tenemos un niño con TEL?

La prevención es una de las claves para ayudar a los niños con TEL. Un programa de lectura con el componente fónico altamente estructurado para niños de 5 años es suficiente para dominar los principios alfabéticos y aprender a leer. En contraste, los niños en situación de riesgo para problemas de lectura, necesitan un entrenamiento adicional en conciencia fonológica (Hatcher, Hulme y Snowling, 2004).

En 2004 Bishop y Snowling escribieron un artículo sobre las diferencias entre la dislexia del desarrollo y trastorno específico del lenguaje. Explicaron que la dislexia se reconceptualizó como un trastorno del lenguaje con deficiencia en el procesamiento fonológico. Los autores argumentaron que tenemos que ser conscientes de los déficits semántico y sintáctico en el TEL, puesto que afectan a la comprensión y la fluidez lectora en los adolescentes (Bishop y Snowling, 2004).

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Referencias

Bishop, D. V. M., & Snowling, M. J. (2004). Developmental dyslexia and specific language impairment: same or different? Psychological bulletin, 130(6), 858-886. doi:10.1037/0033-2909.130.6.858

Hatcher, P. J., Hulme, C., & Ellis, A. W. (1994). Ameliorating Early Reading Failure by Integrating the Teaching of Reading and Phonological Skills: The Phonological Linkage Hypothesis. Child Development, 65(1), 41–57. doi:10.1111/j.1467-8624.1994.tb00733.

Hatcher, P. J., Hulme, C., & Snowling, M. J. (2004). Explicit phoneme training combined with phonic reading instruction helps young children at risk of reading failure. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 45(2), 338–358. doi:10.1111/j.1469-7610.2004.00225.x

Montgomery, J. W. (2003). Working memory and comprehension in children with specific language impairment: what we know so far. Journal of Communication Disorders, 36(3), 221-231. doi:10.1016/S0021-9924(03)00021-2

Snowling, M., Bishop, D. V., & Stothard, S. E. (2000). Is preschool language impairment a risk factor for dyslexia in adolescence? Journal of child psychology and psychiatry, and allied disciplines, 41(5), 587-600.

Fluidez Verbal: Una prueba de inteligencia

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¿Por qué mi hijo no lee bien?Las pruebas de habilidad verbal han sido utilizadas desde hace  muchos años (Thurstone, 1938; Jones- Gotman y Milner, 1977). En este tipo de pruebas, se presenta al sujeto una categoría (p.ej.,  palabras empezando por ‘ M’, o nombres de animales) y se le pide que produzca tantos ejemplos como sea posible dentro de un plazo determinado de tiempo. La fluidez verbal es una capacidad cuya afectación se ha demostrado no solamente en pacientes difásicos, sino también en pacientes con lesiones en el lóbulo izquierdo (Benton, 1968) así como en el lóbulo frontal derecho (Pendleton et al., 1982). El rendimiento en las tareas de denominación, se ha utilizado para probar la discapacidad en la población. Estudios longitudinales muestran que el rendimiento en las tareas de denominación cambia durante el ciclo de la vida, presentándose un peor rendimiento en los individuos de más edad (Au et al., 1995), lo que refleja la ruptura de los procesos perceptivos y semánticos.

fluidez verbalUna de las pruebas más comunes para el examen de esta capacidad es el Boston Naming Test (BNT) y la Batería del Lóbulo Parietal. El BNT dispone de datos normativos de diferentes países, edades y diferentes patologías. Un punto importante en las tareas de fluidez es la categoría de la palabra. Las personas con demencia leve obtienen mejor rendimiento denominando animales que nombrando palabras con a partir de una letra indicada, lo que significa que la estructura de categorías influye en los procesos de recuperación (Rosen, 1980). Asimismo, para determinar la capacidad de fluidez verbal, es importante controlar la edad de los participantes. Un efecto del envejecimiento se observa especialmente después de los cuarenta años de edad, con una disminución de la capacidad verbal después de los sesenta (Rodríguez-Aranda y Martinussen, 2006).

En cuanto a la capacidad de denominación, se ha demostrado qu está mediada por diferentes estrategias. Cuando comparamos dos medidas de fluidez verbal, tareas de letra inicial versus letra excluida (palabras que no contienen una letra previamente designada), encontramos que ambas tareas de fluidez verbal implican la capacidad y la velocidad de la articulación. Las tareas de letra excluida son las que involucran más el habla y las funciones ejecutivas (Hughes & Bryan, 2002).

La fluidez verbal es también una medida de inteligencia verbal. En el estudio de Miller (Miller, 1984), compararon la fluidez verbal en dos grupos de pacientes, uno con lesiones focales y otro con demencia. Cuando la inteligencia verbal se introdujo en los modelos de regresión, encontraron que la alteración en fluidez verbal es un fenómeno específico después de lesiones frontales y no es una consecuencia de deterioro intelectual en la demencia.

En cuanto a la evaluación de la fluidez verbal, la prueba más utilizada para medir fluidez verbal es la FAS. La FAS consiste en dos tareas: primero debe generar todas las palabras que se le ocurran empezando con cada letra ‘ F’, ‘A’, ‘ S ‘ (fluidez fonológica) mientras que la segunda tarea consiste en nombrar el mayor número de animales (fluidez semántica). La FAS ha demostrado ser más sensible a los efectos de la educación que de la edad: el número de palabras aumenta a medida que aumenta el nivel de educación, mientras que permanece constante hasta los 60 años (Tombaugh, Kozak, y Rees, 1999). Otros estudios han demostrado que el nivel de educación, pero no la edad o el género, influyen significativamente en la fluidez verbal (Mathuranath et al., 2003).

Correlatos neurales de la tarea de fluidez

Las tareas de fluidez (letras o categorías) se asocian con los lóbulos frontal y temporal. Las tareas de denominación a partir de una letra dada,  presentan una mayor activación en la circunvolución frontal pre-central e inferior izquierda, mientras que las tareas de denominación a partir de una categoría presentan una mayor activación en la circunvolución frontal media izquierda y el giro fusiforme izquierdo. La localización y activación cortical puede ser modulada mediante la variación de la demanda en la tarea de fluidez verbal. La activación del hemisferio derecho es mayor durante un discurso automático, en respuesta a la categoría más aprendida, mientras que la activación del hemisferio izquierdo es mayor en las tareas de fluidez a partir de letras, cuando las demandas dependen de la función ejecutiva (Birn et al., 2010). Por otra parte, el fascículo uncinado muestra una correlación positiva con el Boston Naming Test (Catani et al., 2013).

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Bibliografía:

Au, R., Joung, P., Nicholas, M., Obler, L. K., Kass, R., & Albert, M. L. (1995). Naming ability across the adult life span. Aging, Neuropsychology, and Cognition, 2(4), 300-311. doi:10.1080/13825589508256605

Benton, A. L. (1968). Differential behavioral effects in frontal lobe disease. Neuropsychologia, 6, 5360.

Birn, R. M., Kenworthy, L., Case, L., Caravella, R., Jones, T. B., Bandettini, P. A., & Martin, A. (2010). Neural systems supporting lexical search guided by letter and semantic category cues: A self-paced overt response fMRI study of verbal fluency. NeuroImage, 49(1), 1099-1107. doi:10.1016/j.neuroimage.2009.07.036

Catani, M., Mesulam, M. M., Jakobsen, E., Malik, F., Martersteck, A., Wieneke, C.,… Rogalski, E. (2013). A novel frontal pathway underlies verbal fluency in primary progressive aphasia. Brain, 136(8), 2619-2628. doi:10.1093/brain/awt163

Hughes, D. L., & Bryan, J. (2002). Adult Age Differences in Strategy Use During Verbal Fluency Performance. Journal of Clinical and Experimental Neuropsychology, 24(5), 642-654. doi:10.1076/jcen.24.5.642.1002

Jones-Gotman, M. & Milner, B. (1977). Design fluency: The invention of nonsense drawings after focal cortical lesions. Neuropsychologia, 15, 653-674.

Mathuranath, P. S., George, A., Cherian, P. J., Alexander, A., Sarma, S. G., & Sarma, P. S. (2003). Effects of Age, Education and Gender on Verbal Fluency. Journal of Clinical and Experimental Neuropsychology, 25(8), 1057-1064. doi:10.1076/jcen.25.8.1057.16736

Miller, E. (1984). Verbal fluency as a function of a measure of verbal intelligence and in relation to different types of cerebral pathology. British Journal of Clinical Psychology, 23(1), 53–57. doi:10.1111/j.2044-8260.1984.tb00626.x

Pendleton, M. G., Heaton. R. K.. Lehman, R. A. W. & Hulihan, D. (1982). Diagnostic utility of  the Thurstone word fluency test in neuropsychological evaluation. Journal of Clinical Neuropsychology, 4, 307-3 17.

Rodriguez-Aranda, C., & Martinussen, M. (2006). Age-Related Differences in Performance of Phonemic Verbal Fluency Measured by Controlled Oral Word Association Task (COWAT): A Meta-Analytic Study. Developmental Neuropsychology, 30(2), 697-717. doi:10.1207/s15326942dn3002_3

Rosen, W. G. (1980). Verbal fluency in aging and dementia. Journal of Clinical Neuropsychology, 2(2), 135-146. doi:10.1080/01688638008403788

Thurstone. L. L. (1938). Primary Mental Abilities. Chicago: Chicago University Press

Tombaugh, T. N., Kozak, J., & Rees, L. (1999). Normative Data Stratified by Age and Education for Two Measures of Verbal Fluency: FAS and Animal Naming. Archives of Clinical Neuropsychology, 14(2), 167-177. doi:10.1016/S0887-6177(97)00095-4

Verbal Fluency: A measure of intelligence

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Tests of verbal ability have been used by many years (Thurstone, 1938; Jones-Gotman & Milner, 1977). On this test, subject is presented with a category (e.g.words beginning with ‘M’, or names of animals) and is asked to produce as many examples of these as possible within a given time of period.

Verbal fluency has demonstrated to be impaired in dysphasic patients, but also in patients with lesions on the left (Benton, 1968) and right frontal lobe (Pendleton et al., 1982).

Naming performance has been used to test disabilities in the population. Longitudinal studies show that naming performance changes across the life span, declining specially in oldest subjects (Au et al., 1995), which reflects a breakdown in perceptual and semantic processes.

 One of the most usual tests for examining this ability is the Boston Naming Test (BNT) and the Parietal Lobe Battery. The BNT enjoys and reach database in different countries and different pathologies, as well as normative data across age range.

One important point in fluency tasks is the category of the word. When we test people with mild dementia they perform better naming animals than naming words with specified letter on the beginning, which means that category structure influences retrieval processes (Rosen, 1980).

To test naming fluency is important to control the age of the participants. An effect of aging is observed specially after forty years age and a decline of the verbal ability after the sixties (Rodriguez-Aranda & Martinussen, 2006).

Naming ability is mediated by different strategies. When we compare two measures of verbal fluency, initial letter versus excluded letter (words produced not containing a designated letter), we found that both fluency tasks rely on verbal ability and articulation speed. Excluded letter fluency performance rely more on speak and executive function (Hughes & Bryan, 2002).

Verbal fluency is also a measure of verbal intelligence. In the study of Miller (Miller, 1984), they compared verbal fluency in two groups of patients, one with focal lesions and another with dementia. They use regression to predict fluency from an index of verbal intelligence. When verbal intelligence was taking into account using regression equation, they found that impaired fluency is a specific phenomenon following frontal lesions and not a consequence of intellectual deterioration in dementia.

The most used test of verbal fluency is the FAS. It consists on a task in which the participant has one minute to generate words beginning with each letter ‘F’, ‘A’, ‘S’ (phonemic fluency) and  animal names (semantic fluency). The FAS has been shown to be more sensitive to the effects of education than age: the number of words increases as the level of education increase, while remains constant until age 60  (Tombaugh, Kozak, & Rees, 1999). Other studies have shown that level of education but not age or gender significantly influence verbal fluency (Mathuranath et al., 2003).

Neural correlates of fluency task

Letter and category fluency tasks are associated with frontal and temporal lobe. Letter fluency presents greater activation in left pre-central and inferior frontal gyrus, while category fluency presents greater activation in left middle frontal gyrus and left fusiform gyrus.

Location and cortical activity can be modulated by varying verbal fluency task demands. Right hemisphere activation is greater during automatic speech in response to over-learned category while left hemisphere activation is greater in letter fluency tasks when demands are on executive function (Birn et al., 2010). Furthermore, the uncinate fasciculus shows positive correlation with Boston Naming Test (Catani et al., 2013).

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References:

Au, R., Joung, P., Nicholas, M., Obler, L. K., Kass, R., & Albert, M. L. (1995). Naming ability across the adult life span. Aging, Neuropsychology, and Cognition, 2(4), 300-311. doi:10.1080/13825589508256605

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Mathuranath, P. S., George, A., Cherian, P. J., Alexander, A., Sarma, S. G., & Sarma, P. S. (2003). Effects of Age, Education and Gender on Verbal Fluency. Journal of Clinical and Experimental Neuropsychology, 25(8), 1057-1064. doi:10.1076/jcen.25.8.1057.16736

Miller, E. (1984). Verbal fluency as a function of a measure of verbal intelligence and in relation to different types of cerebral pathology. British Journal of Clinical Psychology, 23(1), 53–57. doi:10.1111/j.2044-8260.1984.tb00626.x

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Rosen, W. G. (1980). Verbal fluency in aging and dementia. Journal of Clinical Neuropsychology, 2(2), 135-146. doi:10.1080/01688638008403788

Thurstone. L. L. (1938). Primary Mental Abilities. Chicago: Chicago University Press

Tombaugh, T. N., Kozak, J., & Rees, L. (1999). Normative Data Stratified by Age and Education for Two Measures of Verbal Fluency: FAS and Animal Naming. Archives of Clinical Neuropsychology, 14(2), 167-177. doi:10.1016/S0887-6177(97)00095-4