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Indicadores de dislexia durante el primer ciclo de Educación Primaria

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Indicadores de dislexia durante el primer ciclo de Educación Primaria

Indicadores de Dislexia

Existen una serie de indicadores de dislexia que nos alertan sobre el posible mal funcionamiento del niño en determinadas áreas. Estos indicadores de dislexia se corresponden con los distintos cursos académicos que el niño/a debe cursar, con lo que el niño/a ha aprendido o debería haber aprendido a esa edad y con los años que tiene el niño/a.

Como ya comentábamos en anteriores posts estos indicadores de dislexia no son más que dadas orientativas, es decir, nos sirven para detectar y darnos cuenta de que algo no funciona del todo bien. Gracias al conocimiento de estos indicadores de dislexia, tanto padres como profesores o cualquier adulto que rodee el niño/a, puede detectar con mayor facilidad que existe algún problema que probablemente requiera una ayuda extra. Cuando observemos en nuestro niño o niña alguno o varios de estos indicadores debemos acudir a los profesionales mejor preparados.

Me gustaría recalcar que estos indicadores de dislexia son sólo orientativos y que en ningún caso nos dan un diagnóstico profesional, ni son definitivos.

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TDAH y Trastorno Negativista Desafiante

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El Trastorno Negativista Desafiante (TND) es un trastorno caracterizado por un patrón de comportamiento irritable, desafiante, negativista y rencoroso (APA, 2013).  El trastorno desafiante se define como un patrón de conducta donde el niño presenta rabietas, es desafiante y hostil hacia la autoridad, desobedece y se niega por sistema a hacer las cosas. Es muy importante, entender que en este patrón, la relación con la autoridad es de enfrentamiento. Muchas veces, nos encontramos con padres, que han perdido totalmente la autoridad sobre sus hijos. Cuando el estilo educacional es demasiado sobreprotector, y se le suelen dar muchas explicaciones al niño, éste tiende a creer que está a la misma altura que la autoridad.

A nivel emocional, estos niños suelen ser irritables y hipersensibles a las situaciones donde se sienten humillados. Toleran muy mal la crítica y no soportan no tener el control de la situación. Sus reacciones delante de un “no” suelen ser exageradas, y en adolescentes, se puede llegar a la violencia tanto física como verbal. Desde pequeños tienen dificultades para tolerar la frustración, y suelen evitar todas aquellas situaciones donde prevean una futura frustración.

La edad de inicio del trastorno desafiante suele ser entre los tres y los cinco años. Suele tener un gran impacto tanto en la vida personal, familiar y escolar. Según él DSM-V, los primeros síntomas del trastorno oposicionista desafiante suelen aparecer en la edad preescolar, y raramente al inicio de la adolescencia. La prevalencia oscila entre un 1% y el 11% con una prevalencia media estimada en un 3,3%. Parece ser más prevalente en los hombres que las mujeres, aunque no se puede afirmar. Es importante comentar que hay factores asociados de mal pronóstico. Estos factores serían un coeficiente de inteligencia bajo, un TDAH no controlado, un bajo rendimiento en las baterías neuropsicológicas, y pertenecer a una familia disfuncional. Cuando hay un divorcio, y los padres se culpan mutuamente, dicha situación suele impactar muy negativamente en la evolución del trastorno desafiante. En los estudios de genética sobre el trastorno desafiante, se ha visto que este trastorno presenta una elevada heredabilidad, pero que puede estar atenuada o amplificada por los factores ambientales. En estudios con gemelos, se ha visto que el maltrato emocional aumentó un 24% el riesgo de trastorno de conducta en niños de alto riesgo genético pero sólo lo incrementó en un 2% en los niños de bajo riesgo genético. Los niños desafiantes suelen tener un riesgo incrementado para presentar un trastorno de conducta, trastornos afectivos, y trastorno de personalidad antisocial. Los síntomas de inicio varían en función de los rangos de edad. Hasta los siete años, solemos encontrar la tendencia desafiante a no obedecer las instrucciones de los adultos, cierta agresividad física hacia los hermanos y compañeros, destrucción de sus juguetes, rabietas, y molestar a los compañeros cuando se aburren en clase. En la pre-adolescencia, tienen tendencia a mentir, romper las normas, decir palabrotas cuando se les prohíbe hacer algo, insultar a los padres y los maestros, hostigar a los compañeros de clase, y pueden presentar crueldad hacia los animales y los juguetes. En la adolescencia, el comportamiento se suele volver más antisocial. Suelen ser crueles con los padres, y cuando se les lleva la contraria suelen dar golpes en las puertas y paredes. Suelen amenazar a los padres, robar cosas de casa, saltarse el colegio, y empezar a fumar cannabis. Las chicas adolescentes, suelen presentar conductas menos violentas, pero de mayor hostigamiento y venganza, hacia las otras niñas. Hoy en día, vemos conductas de hostigamiento en las redes sociales.

Las consecuencias de todas estas conductas suelen ser nefastas. En el ámbito familiar se suele encontrar un ambiente crispado, normalmente la madre presenta una depresión, y el padre suele tender a conductas más de castigo que le llevan a enfrentarse a la madre. De hecho, muchas veces nos encontramos con lo que llamamos discrepancia educativa. La madre dice una cosa y el padre dice otra, y por el camino el adolescente hace lo que quiere. Es típica la discusión sobre la hora de vuelta a casa. A nivel escolar, se suele asociar a fracaso escolar, y más adelante absentismo escolar.

Normalmente, se puede diagnosticar el trastorno, mediante los criterios diagnósticos de guías clínicas como el DSM-V o el CIE-10. No entraremos ahora, a explicar las diferencias entre las dos guías. Pero ambas presentan criterios similares. Éstos criterios son: a menudo pierde la calma, a menudo discute con los adultos, a menudo desafío y rechazó obedecer instrucciones, a menudo molesta otras personas deliberadamente, culpa a otros de sus errores, es fácilmente molestado por otros, con frecuencia se muestra enojado o resentido, y con frecuencia es vengativo.

Se suele presentar con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Uno de los síntomas cardinales del TDAH es la impulsividad. Pero hay que tener en cuenta, que ninguno de los criterios citados anteriormente sobre el trastorno desafiante, se utiliza para diagnosticar un TDAH. También es importante no confundirlo con el trastorno explosivo intermitente. Éste último se caracteriza por la agresión verbal y por conductas de destrucción de la propiedad ajena o daño físico a animales y personas.

QUÉ NOS DICE LA CIENCIA

  • El TND a menudo se presenta conjuntamente con TDAH, trastornos de ansiedadtrastornos del aprendizaje.
  • Es más frecuente en niños que en niñas, y su inicio suele ser anterior a la adolescencia.
  • Las actitudes desafiantes, son frecuentes en niños de 1 a 3 años y en la adolescencia, sin llegar a ser  patológicos.
  • El humor de un niño con trastorno desafiante mejora cuando se sale con la suya o esta con los amigos.
  • En un adolescente con trastorno desafiante hay que pensar en abuso de alcohol, marihuana y anfetaminas.
  • El “trastorno de conducta” es la forma más grave de los trastornos del comportamiento. El “trastorno de conducta “es más frecuente en adolescentes que tuvieron un trastorno desafiante.
  • Los adolescentes con “trastorno de conducta” rompen repetidamente normas sociales importantes y  pueden llegar a la delincuencia juvenil.
  • Ejercen dos tipos de violencia,  la ” violencia predadora”, que suele ser planeada y con un fin.
  • El otro tipo de violencia es la” violencia afectiva ”, esta suele ser impulsiva , no planificada, y reactiva ante una situación.

QUÉ PUEDO HACER

  • No repetir la orden muchas veces, ¡no es efectivo!. Solamente dar una orden, una sola vez.
  • Poner plazos para que se cumpla lo que queremos: “cuando la alarma suene, tienes que salir del baño”; “cuando sean las dos (o la manija pequeña del reloj esté en el 2 y la grande en el 12), mamá/papá te quitará el juguete“.
  • Si no se cumple la orden o la conducta que queremos que se realice, que esté muy clara qué consecuencia habrá.
  • Castigar significa que el niño/a recibe una consecuencia negativa para él/ella, como consecuencia de su conducta. La consecuencia negativa puede ser:
  • a) Recibir algo negativo (Castigo Positivo): “si no ordenas la habitación te quedas sólo en tu cuarto”;
  • b) Retirada de algo positivo (Castigo Negativo): “si no ordenas la habitación, no irás a la fiesta de cumpleaños de tu amigo”.
  • Pensar con antelación la consecuencia a la conducta negativa del niño/a y NO IMPROVISAR. Si improvisamos, corremos el riesgo de ser demasiado severos y poner un castigo desproporcionado.
  • Poner castigos que sean razonables de cumplir. Por ejemplo, castigos del tipo “castigado sin ordenador durante dos meses“, son más difíciles de cumplir por parte de los padres. Además, cuando hayan pasado dos semanas, quizá el niño ya no se acuerde de porqué fue castigado. Sería más correcto “castigado sin ordenador esta tarde/mañana/el fin de semana”.
  • El sistema de recompensa en niños con TDAH/Negativismo no funciona bien. Es importante que los castigos sean para el mismo día, al igual que las recompensas.
  • Es muy importante REFORZAR las conductas POSITIVAS del niño/a. Cuando haga algo bueno, ¡debemos premiarle!
  • Podemos reforzar positivamente (damos algo positivo: “como te los ha comido todo, tienes helado extra”) o reforzar negativamente (retiramos algo negativo: “como te lo has comido todo, mañana puedes quedarte a jugar con Juan mientras yo voy a hacer la compra”).
  • Pruebe de practicar la EXTINCIÓN, que consiste en IGNORAR la conducta del niño. Fíjate que muchas figuras de autoridad no responden ante las provocaciones. Por ejemplo: un juez, cuando dicta una sentencia, no suele estar alterado emocionalmente. Es muy importante que no reacciones delante de las provocaciones del niño.
  • REPARACIÓN DEL DAÑO: Si tira el bote de pintura al suelo–> deberá limpiarlo“.
  • PRÁCTICA POSITIVA: “si baja las escalera corriendo, bajar las esclareas lentamente varias veces.

 

Más información sobre el TDAH

Referencias:

American Psychiatric Association (2013).  American Psychiatric Association: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition. Arlington, VA.

Barkley, R,  Edwards, G.H. &  Robin, A.L. (1999). Defiant Teens: A Clinician’s Manual for Assessment and Family Intervention. New York; Guilford Publications.

 

Diagnóstico del TDAH

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En un post anterior, comentamos los cambios en los criterios diagnósticos del DSM-V para diagnosticar el TDAH. No obstante, a parte de los criterios diagnósticos,  hay que tener en cuenta ciertas consideraciones ante el diagnóstico del TDAH.

cómo se hace el diagnóstico del tdahEl diagnóstico del TDAH es CLÍNICO: esto quiere decir que no existe ninguna prueba (test, cuestionario o análisis) que pueda asegurar al 100% si un niño tiene TDAH. Lo primero que hará el médico o psicólogo es escuchar a los padres y al niño en una entrevista.

  •  A veces las versiones de los padres no coinciden: normalmente es el padre quien tiende a minimizar los síntomas. El tutor más fiable es el que pasa más tiempo con el niño ( hace los deberes, recibe las quejas de otras  madres, tiene más contacto con el profesor/a…).
  •  Debe recogerse la historia del desarrollo del niño (parto, desarrollo físico, alergias…).
  • Se debe preguntar si hay TDAH u otros problemas psiquiátricos en familiares del niño.
  • Es frecuente que el niño esté  muy quieto en la primera entrevista y parezca que los padres exageran.
  • En la entrevista con el niño, el médico o psicólogo debe descartar ansiedad o depresión, puesto que hay síntomas de TDAH que podrían ser debidos a estos otros trastornos.
  • Los cuestionarios específicos de TDAH no sirven para hacer el diagnóstico, sino para evaluar la intensidad del trastorno y la respuesta al tratamiento.
  • Es imprescindible la información de los profesores (usualmente obtenida mediante cuestionarios para profesores) ya que ellos ven a los niños en grupo y en actividades organizadas, cada día.
  • Según el estudio de Srebnicki et al. (2013), la fiabilidad del diagnóstico de TDAH al cabo de un año es alta. Pero las tasas de todos los subtipos de TDAH disminuyen. Sin embargo, el estudio concluye que  deben ser tomadas más medidas para hacer un buen diagnóstico diferencial entre el síndrome de Asperger y el TDAH.
  • Es necesario saber el nivel intelectual del niño mediante tests de inteligencia como el WISC-IV, Raven, K-ABC u otros. En el estudio de Thaler et al. (2013), se parte de la hipótesis de la existencia de perfiles de grupo  en las pruebas de WISC-IV de los niños con TDAH. El estudio concluye que existe una asociación entre los perfiles del coeficiente intelectual y la frecuencia de diagnóstico de los subtipos. Se identifica un primer grupo entre los niños que tiene reducida la velocidad de procesamiento en relación a otros índices del WISC-IV y tienen valoraciones significativamente más altas en el déficit de atención y la incidencia del diagnóstico del subtipo inatento. Se identifica un segundo grupo que tienen alteraciones en la velocidad de procesamiento y memoria de trabajo y que se asoció con dificultades de funcionamiento diario. En conclusión: los resultados del estudio apoyan la existencia de una relación entre la velocidad de procesamiento reducida y la falta de atención.

  • Existe tanta variación de inteligencia en niños con TDAH como en el resto de niños.

  • Es recomendable una analítica general al inicio del tratamiento farmacológico y otra anual.
  • Si no se sospecha otro problema, no son necesarias pruebas como el TAC, la resonancia magnética nuclear (RMN), el electroencefalograma (EEG) o un análisis genético. Son innecesarias pruebas de lateralidad cruzada, alergias alimentarias o reeducación auditiva.

Dr.Guilera, psiquiatra – Dr.Bayarri, psicólogo.

Si desea contactar con un psicólogo, recibir más información o sugerir un tema sobre el que le gustaría leer,  por favor, rellene el siguiente formulario de consulta:

Srebnicki T, Kolakowski A, & Wolanczyk T. (2013). Adolescent Outcome of Child ADHD in Primary Care Setting: Stability of Diagnosis, Journal of  Attention Disorders, 8, 655- 659.

Sonuga-Barke, E. J., Brandeis, D., Cortese, S., Daley, D., Ferrin, M., Holtmann, M., … & Sergeant, J. (2013). Nonpharmacological interventions for adhd: systematic review and meta-analyses of randomized controlled trials of dietary and psychological treatments. American Journal of Psychiatry, 170(3), 275-289.

Thaler N. S., Bello D. T. & Etcoff L. M. (2013).  WISC-IV Profiles Are Associated With Differences in Symptomatology and Outcome in Children With ADHD. Journal of Attentional Disorders, 9, 291-301.